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18 de octubre de 2009

Guía para la lectura y análisis de un poema

1. Datos biográficos del autor y contexto histórico. Si corresponde, indicar pertenencia del autor a un determinado movimiento.
2. Si se analiza un libro completo de poemas, observar y analizar la importancia de todos los paratextos (títulos, dedicatorias, epígrafes, etc.).
3. Si es un poema específico, ver si hay dedicatoria, epígrafe, título, etc. Recordar que es necesario leerlo más de una vez.
4. Observar la estructura externa del poema, es decir cómo es la organización: si hay estrofas o no; si son regulares o no, cómo es la distribución del espacio y la disposición de los versos, si es prosa poética o no y por qué. También si al contar la cantidad de sílabas de los versos resultan ser regulares o no. Si es una estructura fija: soneto, romance, etc.
5. Identificar la presencia del yo lírico o no. Identificar al receptor dentro del poema. Caracterizarlos a ambos a partir del poema. Ubicar los versos en los cuales se reconozca al emisor/receptor y analizar a través de qué recursos se logra (vocativos, pronombres, nombres, etc.).
6. Luego analizar si hay rima o no.
7. Ver si hay un tema global o general de todo el poema y luego ver si cada estrofa tiene un tema particular y cómo se relacionan entre sí.
8. Analizar todos los recursos que aparecen en el poema en cuestión teniendo en cuenta el sentido y el efecto de cada uno en la totalidad. Diferenciar entre recursos de tipo fónico (que tienen que ver con el sonido y por ende con el ritmo y la musicalidad que se busca en el poema) y recursos semánticos, que trabajan con el significado y el sentido.
Ejemplo: Si digo que en "sus dientes eran como perlas", hay una comparación, debo aclarar qe se están relacionando dos elementos que tienen por lo menos un elemento en común (los dientes son blancos y las perlas son blancas) y este recurso se realiza a través de un nexo subordinante comparativo como.
Si digo que "Lucía un collar de perlas en su boca" es una metáfora, debo explicar en qué consiste ésta o por qué lo relaciono. Diré que es una metáfora pura porque exige al lector desentrañar y establecer él mismo la relación que vincule los dos elementos presentes en la metáfora. Así, diremos que "collar", porque los dientes están uno al lado del otro, como cosidos, y de perlas, porque al igual que las perlas son blancos.
También debería tratar de explicar y luego interpretar por qué se usó ese recurso determinado en esa parte del poema.
9. El análisis debe presentarse en forma de texto, dos o tres párrafos (dejando sangría en cada uno) en los cuales se dé cuenta de todo lo anterior, pero en forma redactada, empleando conectores (en primer lugar, y, además, también, sin embargo, pero, por otro lado, etc,) para relacionar las ideas.
Cada afirmación debe estar fundamentada y con la cita textual (o el número de verso) para justificarla.
10. Incluir una conclusión personal al final del análisis en la cual aparezca una valoración fundamentada. Si te gustó, conmovió, interesó, o no y por qué. Si tuvo algún significado especial para vos o no. Si el autor logró interesarte en sus temas, problemáticas y en su particular estilo de transmitirlo, etc.
Introducir la conclusión en un párrafo aparte, empezando con Finalmente, Para terminar, A modo de conclusión, etc.
11. La redacción del trabajo debe tener en cuenta al receptor-lector, por lo cual ésta deberá ser lo más clara y completa posible.

Profesora María Inés Rodríguez, Colegio Nacional de Buenos Aires, 2009.

16 de septiembre de 2009

Convenciones para la presentación de trabajos escritos

Cómo citar bibliografía:
  • Va entre comillas todo aquel texto que está contenido en un texto mayor. Por ejemplo:

Títulos de cuentos, de artículos que aparecen en revistas o en diarios, títulos de cuadros o poesías.

Cortázar, Julio, "Los venenos" en Final del juego, Buenos Aires, Sudamericana, 1964.
  • Va en negrita o en bastardilla un texto independiente impreso; en los textos manuscritos, van subrayados. Por ejemplo:
Novelas, diccionarios, antologías, etc.
Cuzzani, Agustín, El centroforward murió al amanecer, Buenos Aires, Cántaro Editores, 2000.
Llamadas o asteriscos en las pruebas escritas.

En los trabajos manuscritos, se deben realizar llamadas sólo cuando éstas tengan una extensión mayor a una oración. Si lo que se desea agregar es una palabra o frase, es conveniente "intercalarla" prolijamente en el margen.
Es conveniente que para mayor claridad del texto, las llamads sean numeradas y que aprezcan todas juntas al final del trabajo ya que si están dispersas a lo largo del texto, "descolocan" al lector.


Tachaduras:

Se debe tachar prolijamente, empleando regla, aquella parte del texto que se desea eliminar.


Prof. Marilina Denes y María Inés Rodríguez

27 de abril de 2009

¿Cómo ayudar a nuestros hijos con su falta de vocabulario?

Nada es mágico. Todo requiere una cierta disciplina. A ver si, mediante el siguiente mecanismo, que le hemos sugerido a nuestros alumnos durante años y con alentadores éxitos, vos mámá/papá podés participar en la resolución de este problema.
Vamos a empezar con un poema muy querido por este Taller de Escritura Creativa de León Felipe:

La palabra

Pero ¿qué están hablando esos poetas ahí de la palabra?
Siempre en discusiones de modista:
que si desceñida o apretada…
que si la túnica o que si la casaca…
¡Basta ya! La palabra es un ladrillo. ¿Me oísteis?...
¿Me ha oído usted, Señor Arcipreste?
Un ladrillo. El ladrillo para levantar la Torre… y la Torre tiene que ser alta… alta… alta…
hasta que no pueda se más alta.
hasta que llegue a la última cornisa
de la última ventana
del último sol
y no pueda ser más alta.
Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo,
el último ladrillo… la última palabra,
para tirárselo a Dios
con la fuerza de la blasfemia o la plegaria…
y romperle la frente… A ver si dentro de su cráneo
está la Luz… o está la Nada

León Felipe (1884-1968)

Tomemos de este conmovedor poema el concepto de palabra/ladrillo. Nuestros preadolescentes tienen un número bajo de palabras en su reservorio, es decir, pocos ladrillos. Entonces a la hora de construir un mensaje/relato llegan a levantar apenas un par de paredes en lugar de una casa.

Entonces todo se trata de incorporar palabras para construir conceptos e ideas o llevar nuestra imaginación hacia la creación de ficción. Para ello la lectura cumple un papel fundamental. Como todos muy bien sabemos, nuestros chicos salen de la escuela primaria sin lectura y con mucho menos escritura. Ahora, dentro de colegios como el Nacional de Buenos Aires, la exigencia de la escritura nos enfrenta a un verdadero dilema. Por otro lado los textos a que se enfrentan tienen la rigurosidad propia de los clásicos. Bien, estamos en una situación que debemos capitalizar de la siguiente manera.

Lo primero que tenemos que sugerirle es que anoten las palabras que desconocen a pesar que las saquen por contexto durante la lectura. Esto no se puede hacer en los libros porque son muy mezquinos en márgenes debido a las ediciones de bolsillo. Entonces es importante o forrar el libro con un papel afiche o tener una hoja que se use como señalador donde se anoten las palabras que no conocemos.

Luego, aprovechando el tiempo que están frente a la computadora, dentro de la carpeta con su nombre se abre un archivo de Word que lleve como título, por ejemplo, “Mi diccionario personal”.







MI DICCIONARIO PERSONAL

Allí se transcriben las palabras que se fueron anotando durante la lectura, pongamos como ejemplos las siguiente diez elegidas al azar:

diáfanas
endebles
vituperado
inveterado
díscolas
soez
fláccido
cenefa
deliquio
horrura

luego hay que generar un acceso directo al escritorio de la PC con el Diccionario de la Real Academia Española.









Hago click en el acceso directo, voy a mi documento y pinto, copio y pego la palabra a buscar en el casillero –diáfanas– que me ofrece el diccionario on line.

Obtengo de manera rápida y sin tener que hojear un diccionario el concepto que busco:

diáfano, na.
(Del gr. διαφανής, transparente).
1. adj. Dicho de un cuerpo: Que deja pasar a su través la luz casi en su totalidad.
2. adj. claro (‖ limpio).

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Pinto, copio y pego en mi documento.

diáfano, na.
(Del gr. διαφανής, transparente).
1. adj. Dicho de un cuerpo: Que deja pasar a su través la luz casi en su totalidad.
2. adj.
claro (‖ limpio).

Así con todas las palabras hasta que el diccionario personal vaya tomando forma.

En la segunda palabra no obtenemos resultados inmediatos nos lleva a la definición de endeblez:

endeblez.
1. f. Cualidad de endeble.

Entonces repetimos el procedimiento buscando endeble y ahora sí:

endeble.
(Del lat. vulg. *indebĭlis, flojo).
1. adj. Débil, flojo, de resistencia insuficiente.

Una vez que se tengan cuatro o cinco hojas de este diccionario personal se releé. A veces cuando buscamos una palabra es muy común que olvidemos su significado en poco tiempo, de esta manera sabemos que van a estar allí para un repaso. Este relectura permite fijar los conceptos, van a existir muchas palabras que jamás vamos a utilizar porque son poco prácticas, porque suenan feas o porque son demasiado estrambóticas, en ese caso se busca un sinónimo, tal vez allí encontremos la palabra ideal para su uso. Es decir, el diccionario de sinónimo debe ser nuestro mejor segundo amigo.

Después de un tiempo a los chicos les va a ocurrir algo significativo, cuando repasen los significados van a pensar: “¿Qué tonto para qué busqué el significado de esta palabra?”. Allí nos damos cuenta que funcionó el sistema, esa palabra está ya incorporada y no fueron nada tontos oportunamente porque si la buscaron era porque no conocían su significado.

Este sistema, desde ya se adaptará a la modalidad de trabajo de cada chico, pero en esencia son los pasos a seguir y les podemos decir que da muy buenos resultados a la hora de tener más ladrillos para construir esta torre o nuestra casa.[1]

¡Suerte!


[1] Otro paso posible, para hacer esto mucho más completo, pero que requiere mucho más esfuerzo, sería anotar el fragmento en el que la palabra apareció ya sea oración, verso, etc. o un contexto más amplio.

21 de marzo de 2009

Cuidemos la lengua 1

Incidentes, por accidente

Descarriló un tren en Londres. No hubo herido en el incidente, causado por el mal estado de un riel.”

Hay una clase de incorrecta sustitución de una palabra por otra que se origina en un parecido fonético y suele conducir a los barbarismos. Por ejemplo, yerba por hierba. Es factible que haya algo de eso en la intromisión de incidente suplantando a accidente que practican algunos escribas y locutores con ligereza. Pero la alarmante frecuencia del error, sobre todo en radio y TV, mueve a pensar que su “lógica” es otra: la vaga proximidad de significados. Esa cercanía deviene en abismo cuando vamos a las definiciones. Accidente es un hecho eventual o una acción de la que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas. Incidente, en cambio, es una disputa, riña, pelea entre dos o más personas. Los dos son malos, eso sí es correcto.


Verbos maltratados

Maradona, que jugara en el Barcelona en el 82 y militara en el Napoli en el 84, es el mejor de todos.”

¡Vaya problema que causa a algunos comentaristas deportivos el uso de ciertos tiempos verbales! En la frase de marras, el cronista reemplaza incorrectamente el imperfecto del modo subjuntivo jugara y militara por el tiempo verbal que corresponde en este caso, el pretérito del modo indicativo jugó y militó. Hay un cierto conductor de renombre que en sendos programas radiales matutinos y vespertinos comete este error una y otra vez con un desparpajo que hiere malamente al idioma. Como se sabe, el pretérito del modo indicativo refiere acciones del pasado ya acabadas, puntuales, mientras el primero indica aspiración, posibilidad. En el caso de Maradona, su paso por esos clubes fue mucho más que una aspiración: el genio jugó allí.


Verbos tambaleantes

Los vaivenes de nuestra economía han tambaleado las acciones de la bolsa en los últimos años.”

El experto que pronunció esta frase en un programa de TV acaso sabe mucho de economía, pero tiene un serio problema con el carácter de los verbos, esos eternos maltratados de nuestra lengua. En este caso, convirtió a tambalear en un verbo transitivo cuando, en realidad, es un verbo intransitivo que no admite el viejo y muchas veces desconocido “objeto directo”. O sea, tendría que haber dicho han hecho tambalear. Este tipo de confusión se observa en escribas y oradores que incursionan por el idioma con desparpajo. No falta el relator de boxeo que se despacha con otro ejemplo que viene al caso: “El aguerrido boxeador cubano batalló la pelea hasta el último round”. Tampoco batallar tiene carácter transitivo aunque sí luce tambaleante.


Aclaremos lo siguiente

Todas estas cuestiones se ventilarán el día después de las elecciones en la provincia de Chubut.

Quizá fue por el influjo de la famosa y apocalíptica película “El día después” (The day after) de Nicholas Meyer, estrenada en 1983. Acaso fue por esa tendencia que tienen algunos a traducir literalmente del inglés construcciones –muchas veces desopilantes– que agraven duramente a la ya muy castigada lengua española (por ejemplo, “pasan minutos de las ocho” en vez del más simple y españolísimo “son las 20.30”). Lo cierto es que, graciosa e impunemente, el adverbio después reemplazó arbitrariamente al adjetivo siguiente en esta construcción frecuentada por muchos escribas y oradores en nuestras tierras. Obviamente, lo correcto es “el día siguiente”, frase que hay que recuperar con urgencia para bien del idioma.


Te escucho, pero no te oigo

¿Usted me escucha, diputado? Tengo alguna interferencia en la línea ¿Ahora me escucha?

El periodista que pronunció la frase incursionó en una confusión muy frecuente en nuestro –cada vez más– maltratado idioma: a pesar de la similitud de significados escuchar no es exactamente lo mismo que oír. La distinción entre los dos verbos admite un matiz que los diferencia. Mientras escuchar denota “prestar atención a lo que se oye”, oír es la simple percepción de los sonidos a través del oído. O sea, se puede oír sin escuchar y, a la inversa, se puede escuchar sin oír. A pesar de que en cualquier diccionario los dos verbos están registrados como sinónimos, hay que recalcar esta distinción. El diputado en cuestión podría haber contestado a la pregunta “¿usted me escucha?” con un lacónico y contundente: “sí, pero no lo oigo”.


Credibilidad, por crédito

Kirchner le da mayor credibilidad a su entorno que a algunos caudillos peronistas.”

Comenzamos mencionando la confusión que existe en parejas de palabras (accidente/incidente) que son parecidas pero tienen significados distintos. Actualmente se ha arraigado entre escribas y locutores la confusión con otra dupla: la suplantación de crédito por credibilidad. Según define el diccionario credibilidad es la “característica de lo que es creíble o aceptable”, mientras que “crédito”, además de sus usos en economía, aludo a “la fe o creencia que se da a lo que otro dice”. Es correcto decir “es un autor que goza de gran crédito” o “es una entrevista de poca credibilidad”. Pero en la frase citada, el locutor debería haber dicho “Kirchner le da mayor crédito a su entorno”. Si esos funcionarios son creíbles o no, eso lo sabrá el Presidente.

Revista de Cultura Ñ, Diario Clarín

13 de marzo de 2009

Barbarismos, errores y otras malezas idiomáticas 1

Por Luis Canosa

–A–

ACLIMATAMIENTO – Aclimatación

La acción y efecto de aclimatar o aclimatarse se manifiesta con el vocablo aclimatación, que aunque no tan popular entre nosotros como ACLIMATAMIENTO, muy preferido por los aficionados a la climatología, es el único admitido y al cual nos deberemos aclimatar para ponernos al abrigo de cometer un desliz.

ACOSTUMBRA A –
Acostumbra

El verbo acostumbrar se construye por analogía como soler, y puesto que no diríamos suelo A venir, solemos A dejar, sino suelo venir, solemos dejar, tampoco podemos adosar la A después de acostumbrar. Debemos decir acostumbro venir, acostumbramos dejar. En el reflexivo, precediendo al infinitivo y después del participio es lícito el uso de la a: me acostumbré a ir, nos acostumbramos a todo, acostumbrado a vivir bien, acostumbrado a lo bueno, y otras costumbres por el estilo.

A LA MAYOR BREVEDAD – Con la mayor…

Un caso en que la preposición a usurpa el lugar que pertenece a con es éste, que expresa el deseo de que algo se cumpla o suceda con la mayor rapidez, con suma prontitud, o sea con la mayor brevedad, pues la A en este ejemplo no nos indica el modo como queremos que se haga una cosa, lo cual es privativo de la preposición con.

A LAS 21 HORAS – A las 21

Un vulgarismo, más que barbarismo, de muy amplia difusión es el agregado de la palabra HORAS al número con que se las indica. Puesto que la 1, las 22, etcétera, son los nombres de aquéllas, no necesitan de otro sustantivo que las identifique. Es costumbre de los franceses, que no se levantan si no los despiertan con una “heures” al final. Ya que estamos con el reloj en la mano, agreguemos que como preguntamos siempre por una hora y no por varias debemos hacerlo en singular: ¿Qué hora es?, y no ¿QUÉ HORAS SON? (aunque se lo preguntemos a la abuelita), y contestar en singular sólo para la 0 y la 1: Es la cero; el reloj dio la una y media. Las demás se dan en plural: Volvimos a las 21; dieron las 11; sucedió entre las 4 y las 5; son las 8, etcétera.

ALUVIONAL –
Aluvial

Cuando tengamos la desgracia de que algún aluvión ha arrasado con todo cuanto poseíamos, advirtamos que si bien ALUVIONAL parece un derivado lógico y correcto de aluvión no debe usárselo sino reemplazárselo por aluvial al mencionar lo relacionado con esa catástrofe. Parece que aquél quiso irrumpir en el diccionario pero le pusieron una compuerta.

ANCESTROS – Antepasados, antecesores

Lo perteneciente o relativo a los antepasados se identifica con el adjetivo ancestral (del francés ancestre, y éste del latín antecesor). Eso parece haber sido aprovechado por algunos que de él han derivado el supuesto sustantivo ANCENTRO para una solemne recordación de bisabuelitos, tatarabuelitos y otras antigüedades más lejanas. Estos eminentes ciudadanos (eminentes si el abuelito no nos mintió) son simplemente antepasados o antecesores, sin que el término “simplemente” que hemos usado signifique un menoscabo para aquellos a quienes debemos todo lo que somos, si es que en nuestro árbol genealógico no figuran unos cuantos pillos de siete suelas.

ANTEAÑO – Hace dos años

El vulgo ha inventado una palabra que se ha impuesto por su comodidad, y es ANTEAÑO, que aplica al año inmediatamente anterior al año pasado, es decir, 2003 con respecto a 2005. Puesto que no tenemos una denominación a propósito, digamos hace dos años. Y si no es exactamente hace dos años, llamémoslo por su nombre. O por su número.

ANTEÚLTIMO – Penúltimo

No son pocos los adictos al adjetivo ANTEÚLTIMO, pero, a pesa de la gran cantidad de palabras que lucen el prefijo ante, para expresar lo que está “inmediatamente antes que el último” debemos decir penúltimo. ANTEÚLTIMO no tiene carta de ciudadanía. En cambio, se la han otorgado a antepenúltimo para indicar lo inmediatamente anterior al penúltimo. Caprichos...

ARRELLENARSE – Arrellanarse

La aparición todavía frecuente del verbo ARRELLENARSE motiva que le dediquemos unas líneas para advertirles a los que lo usan que una cosa es un relleno y otra bien distinta un rellano. Y tiene que ver con un rellano el hecho de extenderse en un asiento con toda comodidad, o sea arrellanarse, aunque muchas veces nos arrellanamos después de un almuerzo opíparo, que es cuando buscamos un rellano porque hemos quedado muy rellenos.

AVEZADO EN –
Avezado a

El significado de avezado es acostumbrado, y puesto que no diríamos nunca acostumbrado EN tal cosa, tampoco podemos decir avezado EN, sino, por analogía con acostumbrado, avezado a, que es como se expresan los avezados a estas cosas del idioma.

A VUELO DE PÁJARO – A vista de pájaro

Suponemos que los que dicen A VUELO DE PÁJARO quieren indicar que “ven o descubren los objetos desde un punto muy elevado sobre ellos”. Siendo así, sepan que la expresión acertada es a vista de pájaro. Esta, naturalmente, no tiene nada que ver con los modos adverbiales al vuelo o a vuelo, que significan “pronta y ligeramente”. Esto último demuestra que somos muy despiertos; lo otro, que tenemos una visual privilegiada. Y lo uno por lo otro, que en cuestiones idiomáticas tenemos mala visión y no somos tan despiertos que digamos.

AYER NOCHE – Anoche

En el lenguaje familiar se desliza de continuo una expresión que pareciera insustituible para designar la noche inmediatamente anterior al momento en que se está hablando: AYER NOCHE. Cualquier persona medianamente culta se da cuenta de que falta allí el complemento de una preoposición y de un artículo para completar el pensamiento y decir ayer por la noche. Pero, ¿para qué tanto rodeo si con el adverbio anoche está todo dicho y con el menor esfuerzo?
–B–

BAJO EL PUNTO DE VISTA – Desde un punto de vista

Entre los muchos casos de mal empleo de las preposiciones figura en lugar prominente el que nos ocupa. Las cosas se ven desde un punto de vista determinado, porque la verdad es que mirarlas BAJO un punto de vista se nos hace medio difícil y nos puede doler la cintura.

BICENTENARIO – Segundo centenario

Un vocablo más o menos difundido es BICENTENARIO para indicar la fecha en que se cumplen doscientos años de algún acontecimiento. En esta combinación el léxico se ha mostrado condescendiente sólo con tricentenario (para los trescientos años). A los demás centenarios habrá que agregarles segundo, cuarto, quinto, etcétera. Señalemos, no obstante, que la voz latina sesqui se emplea para denotar una unidad y media, y así se dice sesquicentenario del día en que hay que festejar algo con una torta con ciento cincuenta velitas.

BOTAMANGA – Bocamanga

Cuando se habla de BOTAMANGA no se entiende otra cosa que el doblez que se hacía a los pantalones en la parte más inferior de las piernas. Lo de BOTAMANGA tal vez sea por su proximidad con las botas, porque lo cierto es que su verdadero nombre es bocamanga. Aclarado esto, digamos que ella no pertenece al pantalón sino al saco, y que es la parte de la manga que está más cerca de la muñeca. No nos parece mal trasladar el significado también al pantalón, pero hagámoslo con bocamanga y no BOTAMANGA, que queda más elegante. El pantalón y el vocabulario.

BREVES MINUTOS – Pocos minutos

No es que queramos hilar muy fino en esto de BREVES minutos, pero está censurado por los buenos hablistas anteponer a una sustantivo como minuto, que no expresa otra cosa que un período de sesenta segundos, el adjetivo breve, como si quisiéramos achicar en su duración algo que no puede estirarse ni encogerse. Con decir pocos o algunos minutos ya está expresada la brevedad.
Selección de Secretos y sorpresas del idioma, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1987